¡MUY FELIZ DÍA DE LA BEATIFICACIÓN DE CHIQUITUNGA!

A todo el Carmelo Teresiano, al padre General Saverio, a todas las Provincias y comunidades de frailes, monjas y laicos, a toda la Provincia Ibérica de Santa Teresa, muy especialmente al Carmelo en el Vicariato Regional de Uruguay, Bolivia y Paraguay, y de forma más estrecha aún a las carmelitas descalzas, hijas de Santa Teresa en todo el mundo y sobre todo en Asunción, en la casa de Chiquitunga: ¡MUY FELIZ DÍA DE LA BEATIFICACIÓN DE MARÍA FELICIA!

Desde temprano en esta mañana de este esperado día 23 de junio, nos unimos a la emoción y al fervor de tantos amigos de Chiquitunga que de muchos rincones del mundo se unen para dar gracias a Dios por la vida de esta joven hija de Paraguay, de la Iglesia y del Carmelo.

Os confieso que estoy inmerso en este sentir sobrecogido, y con una fuerte sensación de paz y calma, de alegría y confianza en la presencia de esta nueva hija del Carmelo a punto de ser glorificada. Nos estamos preparando para peregrinar hacia el estadio Cerroporteño de fútbol de Asunción donde todo está ya dispuesto para la celebración de la Eucaristía, con un precioso retablo tejido con miles de rosarios llegados de todo el mundo, en cada uno de los cuales hay infinidad de oraciones, sentimientos, historias, suspiros y sueños elevados por María a Jesús y ahora testigos encendidos del mayor tesoro de la Iglesia, el amor callado, la victoria de un amor, el de Jesús y en él de todos los que se entregan sin nada esperar. Este amor, que será el vencedor indestructible de la historia, es hoy glorificado en Chiquitunga, nuestra hermana. Su sonrisa es reflejo de la alegría de Dios y de la victoria de la Resurrección.

Durante estos días me he acercado a la iglesia y capilla donde descansan habitualmente sus restos, asombrado del continuo fluir de gentes emocionadas que se recogen en silencio para orar. He celebrado la Eucaristía junto a las carmelitas, pidiendo a Chiquitunga nos contagie su pasión por este misterio que alimentó su vida, y nos despierte a la entrega sin demora y sin reservas. He compartido con ellas, en su propia casa, y he disfrutado de su fraternidad y su sencillez, con su connovicia Ana María y con las demás carmelitas que ahora mantienen la lámpara de aquel deseo intacto de entrega y de amor a Jesús.

Durante estos días han tenido lugar muchos actos de homenaje y celebración. Conciertos, Congreso, ponencias muy despertadoras e iluminadoras sobre el mensaje y la vida de María Felicia, que me han renovado las ganas de conocerla y de entrar en su pasión humana y espiritual.

Anoche en la vigilia de oración, con la iglesia del Carmelo llena de peregrinos, de devotos y con la presencia de las carmelitas que han ido llegando de diferentes países, arrodillamos nuestra vida con Chiquitunga para dar gracias por el privilegio y la suerte de vivir este momento, y dijimos con ella:

Qué bien se está, Jesús, cuando se está contigo.
Las rodillas en el suelo y los brazos en cruz;
Media noche y rodeada de misterio,
Solo el alumbrar de algunas estrellas la luz.

Qué bien se está, Jesús, cuando se está contigo,
Reclinada la frente sobre tu pecho, ¡así!;
Y mientras, van pasando las horas más sublimes,
Como el perfume suave de aquel blanco jazmín.

Qué bien se está, Jesús, cuando se está contigo…

Que toda la celebración y todo lo que hoy estamos para vivir nos lleve siempre a ese Centro, a ese final y principio que nos mostró en su vida. Hoy, más allá y más acá, en el corazón de la multitud y de la grandiosidad del evento, recogidos y contemplativos con tantos hermanos y hermanas de todo el mundo, en comunión sin distancias, sin dejarnos deslumbrar de los focos y las cámaras, más allá de sentimientos triunfalistas, nuestro corazón acepta el reto de la entrega y del agradecimiento.

Que donde quiera que estéis hermanos y hermanas, hoy le digamos juntos aquellas palabras que a todos nos incluyen y en las que todos somos invitados, y que son el corazón de lo mejor del Carmelo:

Yo me entrego a ti, no sé a qué, pero me entrego; con miedo sin embargo y cobardía, pero me entrego…confiada sólo a tú misericordia me arrojo a esto que sobrepasa toda fuerza humana y más aun la mía… ¡Ten piedad de mí! ¡Ayúdame a querer lo que tú quieras, Jesús!

Hoy tengo un recuerdo emocionado, agradecido y muy vivo por nuestro querido padre Felipe Sainz de Baranda, por el padre Julio Félix Barco, por monseñor Felipe Santiago (impulsor primero de la causa, obispo de Asunción)… Imagino la emoción de los tres contemplando en primera fila junto a Chiquitunga en fiesta de gloria y de acción de gracias. Con ellos y con tantos y tantas que han trabajado sin descanso, día y noche, por este momento, monjas y frailes de Asunción, amigos, laicos… Gracias de corazón por tanto esfuerzo, cariño y sacrificio ahora bendecido y glorificado.

Mañana, seguiremos madrugando y ofreciendo la vida, con ella, con Chiquitunga, y diciendo en las noches y en los días de sol: TODO TE OFREZCO, SEÑOR… TODO CUANTO HAY EN MÍ… ESTAR CONTIGO SIEMPRE… TODO TE OFREZCO.

Os dejo y me quedo con sus últimas palabras, que nos unan entre nosotros y a Jesús, deseando sea feliz día para todos…

¡JESÚS, TE AMO! ¡QUÉ DULCE ENCUENTRO!

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